sábado, 4 de enero de 2014

Agua de azahar, aroma de reinas

Escribo en la paz de mi despacho, habiendo dejado atrás a la foule indecisa (entre la que me encontraba, claro) buscando los regalos que los Reyes Magos de Oriente dejarían en los hogares asturianos la noche de mañana 5 de enero, de este recién estrenado 2014

Con la que está cayendo, no sólo los chaparrones que "amenizaron" las idas y venidas por las calles de aquellos que nos atrevimos a "madrugar" para hacer nuestras compras, hay que tener presente que, no sólo por las discusiones que se pueden oir de la que pasas al lado de una persona que habla enfurecida por su teléfono móvil discutiendo si se le compra ésto o aquello a un tercero, o por aquellos que, porque no pueden, no participan de este tránsito económico-festivo, el hecho de poder "imbuirse" (palabra chirriante) en el espíritu "rey mago" ya indica que, más o menos, se cuenta con un pequeño presupuesto para poder sorprender a los más queridos.

Insisto, en estas circunstancias de tremenda crisis económica, este "tejemaneje" de peticiones y regalos es ya un pequeño éxito.

Aunque aún nos quede pendiente de resolver esa fiesta del consumo, atrás (por fin!) quedaron, para algunos, momentos "felices" como...


Aún sobreviven (hasta la Cabalgata, aquí en España, al menos) luces y colorines...
                                                                                


Agonizan, si es que han resistido calefacciones, empujones, recolocaciones, los pobres abetos...
                                                                                    

Como véis, mi post de hoy, que es una mezcla de nostalgia, actualidad y aromaterapia, está titulado con el nombre de uno de los olores de mi infancia: el agua de azahar y está dedicado a nosotras, las reinas siempre magas que somos las mujeres, te llames Regina = reina (en latín), o no.

Este aroma tan delicado, algo dulce, e inolvidable para mí, está muy vinculado a la noche y a la mañana del día 5 y 6 de enero, fechas en las que en España y en muchos países de la América Latina celebramos la fiesta de la Epifanía del Señor, nombre que recibe esta festividad en el calendario católico, vinculada desde siempre a la conocida noche de los Reyes Magos.

Bajo estas líneas, la escena de la Adoración de los Reyes Magos del impresionante Retablo renacentista de la Catedral de Oviedo.

Si te apetece admirarlo y comprenderlo tranquilamente en la propia basílica y con una guía oficial de la Catedral de Oviedo, yo te acompaño: www.visitasguiadasporasturias.com
                                                                                    

 Si yo viviera en Andalucía, obviamente, este aromático recuerdo se trasladaría también a la primavera y al increíble derroche olfativo que ofrece el azahar en su plena floración,  pero como vivo en el Norte de España, estoy segura de que a tí, lectora norteña, o mesetaria de mi blog, también te pasa lo mismo, y guardas su aroma como un recuerdo imborrable vinculado, en nuestro caso, al omnipresente roscón de Reyes.

Para seguir ambientando el post...
                                                                               

He añadido la portada de una de las novelas de nuestra querida novelista ovetense Dolores Medio que fue galardonada con el Premio Nadal en la mañana de Reyes de 1953.

Siguiendo con la flor de azahar y su perfumado destilado, también llamado "agua del Carmen", contaros que no fue hasta la pre-adolescencia cuando me enteré de que ese aroma que ambientaba mi casa la mañana de Reyes, era la del agua de azahar que perfumaba el roscón que cada año desayunaba junto a mi familia.

Según detallan los expertos en alquimia, los pétalos de la flor de azahar, macerados en alcohol de 45º durante algunos días producen esta esencia, utilizada como vemos, en repostería, amén también de su empleo para hacer una infusión que alivia dolencias de diverso tipo y del que os hablarán en las múltiples páginas web que hay dedicadas al tema.
                                                                                  

En mi noche de mañana, 5 de enero, el aroma de azahar que emanará mi roscón me devolverá de nuevo a los recuerdos de mi infancia. 

Igualmente, cada año, cuando se acerca la primavera, el naranjo que tengo en mi jardín me seduce con las suaves notas que salen de sus flores, que son poco duraderas, pero quizás eso las hace más deseadas.

Es increíble el aroma que desprende la flor de azahar. Me encanta...

De vez en cuando, cuando la encuentro de buena calidad y no en un porcentaje muy elevado de alcohol, me compro un frasquito de esa colonia.
A ver si este año me animo y la fabrico yo misma!

Lo que nos queda pendiente para mañana día 5 es, si aún no se tiene todo lo que se desea regalar, a través de los Reyes Magos, salir a por ello sin dejarse llevar por la corriente y racionando con cuidado esos valorados euros, y después, si no se es un virtuoso de la repostería y no se ha conseguido hacer un roscón casero, tipo brioche (mi preferido)...

                                                                                  
...o tipo hojaldre, acercarse entonces a cualquiera de las muchas y afamadas pastelerías asturianas que llevan días preparando ese estupendo roscón y hacerse con uno. Los hay de varios precios, según su tamaño.

Ya conocemos el ritual matutino: levantarse con una cierta emoción (sobre todo si hay niños en la casa) y tras abrir los regalos, retar al compañero o compañeros de mesa de desayuno, a encontrar la faba (ese debe pagar el roscón) o la figurita de cerámica que da la buena suerte para el año y otorga el poder de la "autocoronación" y que se encuentran escondidos en la pasta de ese típico manjar navideño.
                                                                                    

 Sobre esta "ceremonia" hay un refrán: "En el Roscón hay muy bien escondidas un haba y una figurita. El que lo vaya a cortar hágalo sin travesura. Quien en la boca se encuentre una cosa dura a lo peor es el haba, o a lo mejor es la figura”.
                                                                       

 Yo, por mi parte, me quedaré encantada, tras haber desayunado mi roscón y haber recogido mis bártulos navideños, de haber cerrado este capítulo de fiestas consumistas, falsamente empáticas, demasiado emotivas (en su versión triste) pero llenas de símbolos de todo tipo, de los que malamente podemos zafarnos.

En este caso, el protagonista de mi primer post de este blog: el aroma placentero que procede de una flor de blanco puro: el azahar, flor y aroma dignos de reinas, como tú y como yo, escondido en la masa esponjosa o crujiente del último protagonista de la Navidad: el roscón de Reyes. Disfrútalo!

Encontremos el haba o la figurita, ¡siempre seremos reinas!

¡A por el 2014!