miércoles, 28 de marzo de 2012

Ibias de Asturias, el gigante soleado

Hace años que conozco Ibias. Estar allí nunca se te olvida. Hace poco he vuelto y he retomado esa sensación de pequeñez ante tamaña demostración de Naturaleza como la que se concentra en esta comarca de Fuentes del Narcea, Degaña e Ibias que cierra, por el suroccidente, nuestra Asturias, bella y firme.

                                                                           
En esta ocasión, como en la anterior, accedimos a Ibias por el Pozo de las Mujeres Muertas. Puro espectáculo de aire, cielo y tierra que se ofrece al que llega de manera entregada, abierta, infinita...

Ese terrorífico nombre que recibe el puerto, no se debe más que a una mala traducción del término adulterado con el paso de los años y las pronunciaciones, ya que se refiere a una zona de terreno enfangado, más que a una tragedia femenina en masa.
Tanto por la orografía, como por el sinuoso trazado de la carretera y por supuesto, por la increíble rotundidad del paisaje, el viaje requiere ser realizado a baja velocidad: de circulación vial y mental.
Ya en el descenso, el deliciososo río Aviouga, en el que merece la pena detenerse y acercarse a su orilla. Aguas cristalinas y piedras decoradas con los líquenes y musgos que acreditan la pureza de las aguas, cromatizan el entorno.

                                                                                 

                                                                                    
Una vez llegados a San Antolín de Ibias, capital del concejo, la omnipresente iglesia, en el centro de la calle principal. No tiene pérdida. Es del siglo XIII, de estilo románico cistercense, y como la mayoría de las iglesias que se conservan en la zona rural, tiene añadidos de siglos posteriores (como la espadaña, por ejemplo) y la consabida techumbre de pizarra, abundante en la zona.



                                                                              
A su alrededor, algunos edificios curiosos, muestra de estilos arquitectónicos contemporáneos, y la paz vecinal, llamativa característica del lugar.

Por cierto, refiriéndonos al paisanaje, y aunque no sea de aquí, porque es de Gijón, Ibias, amén de poseer el galardón Premio Príncipe de Asturias al Pueblo Ejemplar, tiene, como primer Marqués de Ibias, a quién fuera preceptor del Príncipe Felipe de Borbón, Aurelio Menéndez, ilustrado profesor y catedrático, figura irremplazable de la Asturias Contemporánea. Este marquesado, de reciente creación, fue otorgado por S.M. el Rey Don Juan Carlos en 2011 a quién fuera uno de los pilares del desarrollo del Príncipe de Asturias y miembro y participante de la Fundación Príncipe de Asturias en varias de sus facetas.


En la parte trasera de la zona más habitada de San Antolín, una soleada área recreativa y el Aula de la Naturaleza del Parque Natural del Narcea, Degaña e Ibias http://fuentesdelnarcea.com donde se ubica una tradicional palloza, de cuyas características nos dió buena información, la encantadora y documentadísima dinamizadora turística Covadonga Colubi, no en vano forma parte de la población de Ibias, por raíces familiares y por vinculaciones profesionales, desde hace décadas. http://apallozadeibias.wordpress.com



                                                                              
A pocos kilómetros de San Antolín, visitamos la aldea de Cecos, bendecida asimismo por el sol y unas recias arquitecturas que aún se conservan con dignidad. Entre ellas, el puente romano, restaurado por su parte superior y que une una parte del pueblo con la zona más "urbana".

Tras dejar el coche en el centro, y antes de almorzar, un enriquecedor y tonificante paseo de no más de 3 kilómetros, por un tramo de la Senda del Oro, establecida y explotada por los romanos en los siglos I y II y que, bordeando el refrescante río Ibias, nos llevó a una casa de pastores, con hórreo y ermita,  denominada A Pena da Corvo, en la que si está el pastor dentro se puede entrar y visitar. Es genial!.


                                                                              
Os recomiendo ese paseo a la vera del río, donde, por cierto, si os apetece y planeáis hacer pic-nic (ideal si váis con niños), tenéis allí unas mesas donde podéis acomodaros y donde los árboles que crecen en la ribera os darán la sombra que váis a necesitar, pues en Ibias el sol pega sin contemplaciones.
Es un paraje muy bucólico, aunque para ello haya utilizado un término tan manido, pienso que es lo que mejor define esta parte de la visita.

Ya acercándonos a Cecos, algún palacio rural, la iglesia y sus casas, no dejaron de sorprenderme.

En el pueblo, un coqueto hotel-restaurante, recientemente inaugurado, desde el que se puede contemplar, mientras se prueba la gastronomía de la zona, aparte del puente romano, una vetusta casa que conserva una construcción de madera, tipo galería, sin cristales, suspendida sobre el río.
Adivináis para qué podía servir este curioso habitáculo?






La vuelta, por el puerto del Connio. Con calma. Sin dejarse impresionar por la bajada y por los gigantes que nos despiden en silencio, a la izquierda.

                                                                             
Gigantes que forman parte del Bosque de Muniellos, Reserva Mundial de la Biosfera por la UNESCO. Masas de caliza y pizarra, de materiales ferruginosos que, al aflorar, dejan su huella en la paleta cromática de su paisaje.

Gigantes que observan desde su sabio existir a los lugareños y a los visitantes, desde hace siglos, y que aguardan el paso del tiempo, tapizados y abrigados por las coníferas y los castaños en los que crecen, sin freno, las barbas de San Jorge, un liquen que atestigua la pureza del aire.


                                                                           
Entre esos macizos amables, en los que se refugia el urogallo, el rebeco, el oso... se te quedará, ya verás, un trocito de tu alma viajera.
Vete y compruébalo. Sé que, si aún no conoces la zona, me agradecerás el consejo. www.ibias.es