viernes, 22 de julio de 2011

El Saltillo eligió Lastres para hacer el Camino

Si no fuera por las citas que llevo viviendo este verano, cerca del mar, y porque éstas se celebran a unas horas en las que, en otoño o invierno, sería de noche, bien podría pensar que acudo con mi boli y mi libreta a eventos marineros otoño-invernales en toda regla.

                                                                                
El mar, que también es camino. Y si no, que se lo pregunten a los marineros. A los de Lastres, por ejemplo.
Esta penúltima semana de julio he tenido la oportunidad de compartir allí, un encuentro organizado por las Comunidades autónomas de Galicia, Asturias, Cantabria y Euskadi.


                                                                              
El barco-escuela "El Saltillo" atracó en el puerto de Lastres, procedente de Hondarribia, con dirección Santiago de Compostela. Con este recorrido por diversos puertos de la Cornisa Cantábrica se pretende impulsar la candidatura del Camino del Norte a Patrimonio Mundial de la UNESCO.

La convocatoria nos llegó a los Guías de Turismo del Principado de Asturias, a través de la Sociedad Regional de Turismo y como me comentó Noemí Castaño de la S.R.T. "cuantos más agentes sociales estén presentes, mejor", pues allá que me fui, en un atardecer un tanto nostálgico y muy, muy asturiano.

El Saltillo es una goleta de 26.5 metros de eslora total, 5.25 de manga y 2.88 de calado.
La tripulación, capitaneada por Mikel Lejarza, la componen 14 alumnos y alumnas de la Escuela Técnica Superior de Náutica de la UPV, acompañados por dos técnicas de Cultura y del Camino de Santiago del Gobierno de Euskadi, Amaia Goikoetxea e Itziar Aloria.

Aderezando los encuentros con la prensa y población de las villas marineras donde atraca El Saltillo, invitados/personajes del mundo del deporte, del periodismo y otras facetas, como, en esta escala asturiana fueron: la montañera Rosa Fernández, el piloto Javi Villa, el copiloto Alberto Iglesias, el ciclista Peio Ruiz Cabestany, el doctor Jacques Bourdier, la bodeguera de la Rioja Alavesa Victoria Cañas (Vinos Díez Caballero) y el inolvidable periodista Alfredo Amestoy, todos ellos inmortalizados por la cámara del avezado fotógrafo de El País, e invitado especial a este barco para ejercer de tal, Txetu Berruezo que me ha cedido amablemente un par de fotos: la primera de grupo que os ofrezco al final del post, y la de la metopa, y que aparece posando en la foto de abajo, en el extremo derecho de la misma.

                                                                         
El Saltillo es un barco construido en Amsterdam en 1932, adquirido en 1934 por Pedro Galíndez, que en 1968 lo donó a la Escuela de Náutica.
Según Lejarza "es un barco que enamora, y más navegando".
En ese intervalo entre 1934 y 1968, Galíndez, todo un personaje en el País Vasco que ejerció, entre otros cargos, presidente de la Cámara de Comercio, bautizó a su nuevo velero como su residencia en Portugalete, y se lo prestó, durante diecisiete años, a Don Juan de Borbón, padre del Rey Juan Carlos I, en su etapa de exilio en Estoril.

En él han navegado muchos miembros de la Familia Real española. Incluso algunos de ellos navegaron en él a las Islas Griegas con motivo del enlace matrimonial de Juan Carlos y Sofía de Grecia.

El actual capitán de El Saltillo, recuperado posteriormente en 1988 por Fernando Cayuela, recordó de pasada, ante un abarrotado salón de actos de la Cofradía de Pescadores de Lastres, el histórico encuentro, en 1948 entre esta preciosa goleta y el no menos histórico Azor, para que sus dos tripulantes más egregios: Don Juan y Franco, parlamentaran en alta mar.

Pero de los días más bellos queda, como recuerdo, esta metopa que luce en el interior del velero.

                                                                             
Como anfitrión local de tan diverso mapa de invitados, el alcalde de Colunga, Rogelio Pando, arropado, entre otros, por los concejales Jesús Menéndez, Julia Cubiella y Sandra Cuesta.

Por parte de la Sociedad Regional de Turismo, y ya recibiendo a los recién llegados que querían subir a bordo del velero, la dispuesta Cristina Álvarez (también presentó el acto) que estaba acompañada por el vicepresidente de la Asociación de los Caminos del Norte, Joaquín Milans del Bosch, la hija de éste, Sisita y el resto de la familia, y llegando para la hora en punto y viviendo sus últimos actos ya como gerente en funciones de la S.R.T. Noelia Menéndez, muy concienciada del fin de su etapa y deseando "continuar trabajando, que es lo único que sé hacer" me confesaba camino del puerto en compañía de Noemí Castaño, mientras dejábamos a ambos lados redes, boyas y las coloristas lanchas marineras.


                                                                                 

                                                                               
Como he comentado párrafos arriba, el salón de la Cofradía estaba atestado de gente.
Por trabajar allí y como anfitrión eventual, recibía al personal, el portavoz del PP en el Ayuntamiento, Carlos Manso.

Entre los asistentes, muchas señoras-esposas de los componentes del Coro Manín de Lastres que, dirigidos por Inmaculada Suárez, en ausencia de su director Faustino Martín, interpretaron la conocida "Salve Estrella de los Mares" y Asturias Patria Querida, muy coreada por los invitados vascos.
Tampoco se quisieron perder esa tarde de novedades marineras el hostelero Eutimio Busta, el colungués Luis Norniella (de curioso parecido con Amancio Ortega), José Enrique Foyedo, presidente de la Asamblea Local de Cruz Roja, y el director del Hotel Palacio de Luces, Ricardo Silvestre, entre otros.



                                                                          
Como comentó el capitán de El Saltillo en su entretenida intervención ("Y eso que no se le daba bien hablar, según nos dijo a los postres del almuerzo de hoy", nos comentó en la presentación la simpática Cristina Álvarez), "Lastres es un pueblo especial porque han acogido a la tripulación. Nos han dado la opción a descansar", decía Lejarza, refiriéndose a otros puertos en los que han atracado, al parecer con menos tranquilidad que el bello Lastres.

Entre los "holas ¿y tú, quién eres?" y los "encantados de conocerte", también las sorprendentes observaciones de Amestoy hacia mi persona: "Podrías haber sido actriz. Eres única, una entre cien mil". Menos mal que a una la pillan con este tipo de declaraciones, ya mayor.

                                                                                
Lastres, camino del Camino. Él sí que lo es y lo sigue siendo.
Camino de agua, camino de mar.
Un bello puerto y una impactante villa en la Comarca de la Sidra, en Asturias, que enamora a todo aquel que la recorre, cuestas, pedregales y vericuetos incluidos.
Lastres: una parte del Camino, absolutamente especial.
Lastres, única, una entre más de cien mil.


Como dicen los marineros: ¡"Buen viento, buena proa, buena mar", veterano y resistente Saltillo!

martes, 19 de julio de 2011

El Buque de Asalto Anfibio Castilla: un selecto punto de encuentro

                                                                       
Pensando que el acto al que estaba invitada sería parecido al tumultuoso e internacional encuentro que viví en el "Príncipe de Asturias", atracado en el Musel hace algo más de un año, acudí, en una luminosa tarde de la pasada semana de este veranotoño que estamos viviendo en Asturias, al muelle de Raíces, en el Puerto de Avilés.

                                                                            
Mientras aguardaba para entrar al Buque A.A. (Asalto Anfibio) Castilla que llegaba al puerto avilesino trayendo a los chicos y chicas que conforman la expedición "Ruta de Quetzal", ideada hace años por Miguel de la Quadra Salcedo, observaba lo que parece ser el Peñón de Raíces, donde se ubicó el castillo de Gauzón, que acogió, en época del rey Alfonso III, el recamamiento de oro y piedras preciosas de una de nuestras reliquias, la Cruz de la Victoria, de original alma de madera de roble, según parece, no fue la que enarboló Pelayo en su triunfo tras la Batalla de Covadonga, ya que las pruebas de carbono 14 no la ligan a ese siglo VIII en el que se ubica ese suceso histórico para Asturias y España, sino a alguno posterior, ya quizás contemporánea del mismo Alfonso III, en el siglo X.

                                                                               
                                                                                
Cavilaciones histórico-artísticas aparte, los selectos invitados que mientras, llegaban con goteo, iban desfilando con gran precaución por la pasarela que une tierra con el buque, cuyos tramos son incompatibles con los tacones de las señoras despistadas.

Madrugadores, como siempre, la Guardia Civil, representados por el teniente coronel Juan Bautista Martínez Raposo, que en estos días es el máximo responsable en Asturias, al estar el coronel Feliz de vacaciones.

Tras él, un grupo de representantes políticos e institucionales avilesinos: el hasta esos días, director técnico del Puerto de Avilés, Miguel Villalobos (hoy salía la noticia del nombramiento de Raimundo Abando como nuevo director), vaticinio que comenté con la esposa de Villalobos, Ana, imagino que ya, en ese momento, en la despedida del cargo; también concejales y políticos avilesinos como la concejal Ana Concejo y Antonio Sabino, todos en buena sintonía, en la explanada, ante el buque, aguardando el momento de subir.

Más tarde llegaría la alcaldesa de Avilés Pilar Varela acompañada por el concejal Román Antonio Suárez.

Ya en el interior, el delegado de Defensa, Baldomero Argüelles, su esposa Marga y la de Beceiro, Kety, y el decano de la Facultad de Derecho, Ramón Durán, primo del capitán de navío, entre los, insisto, selectos asistentes.
Me consta que, tanto a las señoras, como al resto de invitados, nos hubiera gustado haber podido saludar al legendario aventurero De la Quadra Salcedo, pero finalmente, no pudo ser.
Como es habitual, al entrar en un barco de esta envergadura y categoría, eres recibido por la máxima autoridad, en este caso, el capitán de navío responsable del mismo, Juan José Díaz del Río Durán, que estaba acompañado por el ya ex comandante naval de Gijón, Juan Manuel Beceiro.

A su lado, el resto de los altos cargos de la tripulación.

                                                                          
El Buque de Asalto Anfibio "Castilla" mide 160 metros de eslora y 25 de manga. Es capaz de alcanzar los 21 nudos de velocidad y puede llevar hasta 570 infantes de marina.
También, como buque de guerra, porta 160 vehículos, carros de combate, 6 helicópteros, 4 lanchas de desembarco que salen del propio dique que lleva el buque y que, si lo requiere la ocasión, se inunda para que salgan de allí las embarcaciones, entre otras dotaciones.

Este buque, fabricado en 1997 en los astilleros ferrolanos Bazán, pesa 13.000 toneladas y tiene 7 metros de calado.
Ha estado, entre otros países del mundo, en Haití, llevando hasta allí a los militares que realizaron, durante cuatro meses, tareas humanitarias en ese país devastado por el terremoto.
Desescombro y reconstrucción de la zona llamada Petit Goâve, atención médica en el hospital de a bordo, donde se atendió a cuatro partos de mujeres haitianas, potabilización de aguas y otras misiones, fueron entre otras, las intervenciones de este buque en materia de ayuda y organización a esa zona desolada.

Todo ello me lo contaba el capitán de corbeta Manuel Gómez de Olea, jefe de control del buque, con el que pude hablar un buen rato. También muy atento, con esa elegancia habitual de los hombres de la mar, el capitán de fragata, Pedro Díaz Rivera, respondía a todas las preguntas que le hacíamos quiénes tuvimos la suerte de compartir con ellos esa pequeña celebración de bienvenida al "Castilla" a su paso por Avilés.

El buque, aparte de estar impecable, tiene como curiosidades en su interior, un suelo "antimareos", en color verde o azul y con unas pintas en tono amarillento que sirven para que la vista se fije en ellas y no se pierda la orientación con el movimiento del barco plena marejada.

Tras conducirnos al elegante salón del buque, el capitán de navío Díaz del Río nos dirigió unas palabras, recibió algún reconocimiento y pudimos compartir, en una charla muy animada, un estupendo aperitivo en el que se nos ofreció, entre otras delicias, un estupendo jamón ibérico de la zona de Huelva y las habituales tortillas de camarones, típicas de Rota, donde el buque tiene su base.





                                                                               
Tras el intercambio de impresiones, el imprescincible recorrido por el buque, puente de mando incluido.

El capitán de navío nos indicó que estaríamos en una altura similar a la de un edificio de ocho pisos.
La tarde, casi en la anochecida, nos aguardaba en el muelle de Raíces, con una brisa suave en las alturas.
Al fondo, el Centro Cultural Niemeyer.
Frente a nosotros, penetrando en Avilés, la ría.
Todo magnífico, único.


                                                                                  
El poderío de un buque de guerra como forma amable y lúdica de transporte de unos chicos y chicas expedicionarios que, en ese momento, llegaban de conocer Avilés.

Para mí, la vivencia única de compartir con amigos, un encuentro selecto y muy exclusivo, rodeada de historia, mar y emociones diferentes. ¿Hay mejor manera de combatir un verano algo soso y cuasi otoñal?