sábado, 9 de abril de 2011

Museo Arqueológico y Centro de Arte Rupestre Tito Bustillo: imprescindiblemente guiables

En dos de los calurosos días que hemos tenido en estas pasadas semanas, los guías de Turismo del Principado de Asturias hemos disfrutado con dos de las actividades que nos han organizado desde la jefatura de Servicio de Ordenación, de Empresas y de Actividades Turísticas de la Consejería de Turismo, comandada por Enrique Rodríguez Nuño.

Hemos estado en el recientemente inaugurado Museo Arqueológico de Asturias, en Oviedo y en el Centro de Arte Rupestre de Tito Bustillo, en Ribadesella, y la experiencia ha sido muy interesante.


Aunque podáis encontrar todo lo que necesitárais saber acerca de ambas dotaciones en:
y, lógicamente en la visita física que podáis hacer (os aconsejo que con la compañía siempre de un guía oficial como somos nosotros) me gusta aportaros alguna de las fotos que he podido realizar en dichas visitas, así como mi impresión acerca de ambos nuevos equipamientos o, mejor dicho, recuperados, remozados e inaugurados recientemente.


La visita guiada en ambos centros culturales, corrió a cargo del arqueólogo de la Consejería de Cultura, José Antonio Fernández de Córdoba, un hombre que mantiene un equilibrado tono didáctico a lo largo de las largas explicaciones, a pesar de la duración de las visitas (dos horas largas) y el calor que pasamos en el Arqueológico y también en Tito Bustillo.
Sin variar un ápice de su cadencia narrativa, Fernández alternaba los datos culturales con alguna impresión personal, todo ello con una continuidad admirable, ya que hablar dos horas seguidas prácticamente sin parar, subiendo pisos, recorriendo salas, soportando alternancias de temperaturas y respondiendo a dudas y preguntas de los guías es, para alguien como yo, profesional de la Comunicación que se fija en esos detalles tan importantes, de una gran capacidad profesionalidad digna de reseñar.


Tampoco lo hizo nada mal en el Centro de Arte Rupestre Tito Bustillo, la arquitecta de la Consejería, Andrea del Cueto, supervisora de las obras del mismo, que completaba algún dato de los ofrecidos por Fernández, implicados ambos hasta la médula en los proyectos y expertos conocedores de todo lo que nos explicaban durante el recorrido.

El Museo Arqueológico comparte en su interior el legado artístico e histórico, y el más moderno presente. Imagino que ambos componentes contribuirán a hacer realidad un largo futuro lleno de visitas.
El visitante es recibido en un amplio hall que da al exquisito claustro bajo, de donde parte la maravillosa escalera monumental.
Echando un vistazo por el claustro, vemos cómo sobrevuela la parte nueva sobre la zona alta del que fue Monasterio de San Vicente, el más antiguo de Asturias.
Aquí, sarcófagos y escudos conviven con restos del siglo VII y IX que revelan estructuras para la canalización del agua.

En la primera planta se ubican los contenidos sobre la Prehistoria en Asturias y la muestra de la huella del Neolítico y la Edad de los Metales y, en la subida hacia los pisos superiores, donde se hallan piezas y datos sobre los castros, la romanización en Asturias y la Asturias Medieval, por reseñarlo sucintamente, nos dejaremos sorprender por un amplio muro de alabastro, por el cual se cuela la luz solar, ejerciendo un efecto atmosférico muy confortable.
A mí, el alabastro me recuerda a las decoraciones de esos hoteles de cinco estrellas que proliferaron en los años ochenta y noventa y cuya presencia perdura aún en algunos de ellos.

                                                                  
Ya en la segunda planta, el bellísimo claustro alto que todos recordamos, con aquellas vitrinas en su interior que cojeaban, llenas de las muestras del pasado, y el recio suelo de tablones, que crujía a nuestro paso, en una semipenunbra inolvidable.
Ahora todo eso ha cambiado, manteniendo, obviamente, la arquitectura original y el famoso suelo de madera...acuchillado y preparado para nuestros días, y todo el área iluminado con cálidos halógenos.

Por no extenderme mucho, ya que, sin duda, la mejor manera de conocer el museo es visitándolo, preferentemente, repito, acompañado por uno de nosotros, los guías de Turismo del Principado de Asturias, os ofrezco a continuación algunas de las piezas que allí se pueden contemplar.
Son todas originales, salvo tres, una de ellas, la diadema de Moñes cuya foto os ofrezco bajo la réplica de lo que sería una mujer prehistórica, la conocida como la "roxa de Sidrón".
La diadema es la pieza de orfebrería más importante de Asturias.
El Museo propondrá periódicamente, la exposición de la "pieza del mes" y las nuevas adquisiciones.





                                                                               
 En el Museo, como en los equipamientos contemporáneos, se puede complemetar la visita con la consulta a pantallas interactivas, audiovisuales y otros soportes tecnológicos que ayudan a comprender mejor los contenidos, tanto a los adultos, como a los niños, a los que este tipo de tecnologías les atraparán inmediatamente.                                                 

Como homenaje, vestigio, o llámesele como se quiera, también se trató de recuperar la famosa celda de Feijóo, obra no exenta de polémica en la que, en este blog, no cabe entrar.
Lo que sí que os puedo mostrar son sus fotos.                  
                                                                            
                                                           

A esta visita del Museo Arqueológico acudimos unos treinta y tres guías y estuvimos acompañados-as, en todo momento, por la encantadora técnico del Servicio de Ordenación, Elena A. Doce.

                                                                              
Para el visitante que desee conocer la cueva de Tito Bustillo es totalmente recomendable visitar primero el Centro de Arte Rupestre que se encuentra a pocos metros y que también, como he comentado, se ha inaugurado recientemente y se nos ha mostrado a los guías de Turismo del Principado de Asturias en una visita exclusiva.
En esa jornada acudimos 15 de los 105 guías oficiales que somos.
Buena señal, se ve que muchos de los del resto podrían estar trabajando.                 

Nosotros, en esa ocasión, hicimos al revés: primero visitamos la cueva y después el centro.
En la cueva nos guió Miguel, guía especialista, que nos mostró algunas de las muestras de Arte Parietal incluidas en lo que son las nuevas visitas: más tiempo, más dedicación.
Absolutamente apasionante.
Todo asturiano que se precie, debería visitar estas cuevas, declaradas Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, al menos una vez en la vida.

A veces tenemos lo mejor al alcance de la mano, como es esta cueva, en Ribadesella, y nos morimos por viajar a otros lugares (algo que me parece estupendo) sin tener en cuenta nuestras propias riquezas culturales y artísitcas.

Fuimos recibidos por Enrique R. Nuño que aguardaba en compañía del alcalde de Ribadesella, Ramón Canal quién nos habló con orgullo del centro, un auténtico regalo para la villa y declaró que estaban teniendo un número de visitantes por encima de los previstos.
Ambos nos acompañaron también, durante todo el recorrido. El alcalde fue muy amable y conectó inmediatamente con nuestro colectivo de guías.
También se sumaron a la jornada, los deportistas y empresarios con sus empresas de deporte activo y de aventura en la zona, Calo Soto y su hermano.


La exposición aquí está repartida en seis áreas.
Es sorprendente la primera sala, toda en negro, con la intencionalidad de sumergir al visitante en el espacio cueviforme que se encontrará después, con unas cuerdas de escalada tensadas en diagonal a modo de decoración, entre otros detalles, como los paneles con recortes de periódicos o proyecciones que introducen a quién llega en el ambiente agradable y llevadera semi oscuridad que le acompañará a lo largo de todo el recorrido por el Centro.

En la siguiente sala, se produce ya la denominada "inmersión emotiva" para producir el efecto "interactividad inteligente", terminología que me sugería la arquitecta Andrea del Cueto, describiéndome cómo habían conseguido que la tela de gallinero en la que habían proyectado el mortero y la pintura con barniz, para que no se disgregara, se asemejaran a las paredes de la cueva.
De material ignífugo y autoextinguible, el montaje ha sido concebido por RECREA, bajo la dirección arquitectónica del gijonés Sergio Barragán, tras ganar el concurso con la idea inicial del catalán Toño Foraster.
Aquí también disfrutamos de las explicaciones de ambos y del juego final en las mesas interactivas.

                                                                     
Dos horas largas de visita que finalizaron con el posado de familia en la espléndida terraza que corona el equipamiento, llena de posibilidades hosteleras.
Se nos avanzó que se haría un restaurante con posibilidad de zona de copas que disfrutaría de una inmejorable vista sobre la ría de Ribadesella, que aquella tarde de temperaturas tórridas ofrecía una refrescante y apacible imagen.

Asturias, sin duda, tiene lo mejor del mundo en Naturaleza, Gastronomía y en cuanto a otras bondades se refiere, no se queda a la zaga frente otras comunidades autónomas.
El caso es que los responsables políticos, culturales, hosteleros, hoteleros y sociales, lo sepan transmitir, divulgar, vender y explotar.
Que recuerden que cuentan con un colectivo profesional imprescindible para ello:
El vehículo entre Asturias y el visitante: los guías oficiales de Turismo del Principado de Asturias, unos sencillos, acreditados y dispuestos embajadores de su tierra.
                                                                           


                                

miércoles, 6 de abril de 2011

La retirada de unas simples sogas, inicio de una nueva era

Aunque en anteriores post ya os he hablado de mi visita al que será (ya es, pero sin uso aún) el nuevo HUCA y, de alguna manera, una nueva era hospitalaria y sanitaria se inicia en Asturias con la apertura de esta gigantesca dotación, aún nos quedarán, a los asturianos y visitantes, algunos meses de uso del vetusto recinto: Hospital Central, Residencia y sus instalaciones.

Estos días de atrás he sido visitante-paciente del servicio de Rehabilitación y de láser de lo que muchos aún llamamos Residencia.
Aunque hayan pasado los años (50 ya desde que se inauguró) una siempre tiene la impresión de que el tiempo (y la tecnología) se han parado allí.

He tratado, como todos los que allí tenemos que acudir, de encontrar aparcamiento en las proximidades, gratis y en zona blanca, a ser posible, algo que he logrado en contadísimas ocasiones (algo así como si te tocara el cupón de la ONCE) y la solución, para los que no vivimos en Oviedo y nos vemos obligados a llevar nuestro coche, es diversa: o llegar una hora antes y aparcar a una distancia que te obligue a caminar al menos cinco minutos pagando en zona azul la máxima tarifa, hacer cola en alguno de los dos parkings del entorno, (con lo que ello conlleva) y que tienen como tarifa "la voluntad", ir en tren, subir en bus, taxi o que te lleven, o...meter el coche en el parking de pago (¡¡¡¡ 2'75€ !!!! la hora) que está justo detrás del edificio de Rehabilitación, cerca de donde se encontraba el merendero Benidorm.

Tras el endemoniamiento consiguiente cada vez que me toca pagar el consabido ticket, les he hecho un breve, pero intenso interrogatorio con la intención de reunir información suficiente para la próxima etapa del HUCA.
Las conclusiones son:
No, no son el parking más caro, según ellos, lo es el que está (casi pasa inadvertido) frente a la entrada del Hospital Central: oscuro, incómodo y bastante poco limpio y...
No, no tendrán la concesión del nuevo parking del nuevo HUCA, donde, según uno de los trabajadores de este parking, ¡tendrán que pagar incluso los trabajadores del mismo! Ohhh!!
En fin, volvamos al argumento inicial del post.
Con la excepción de las camillas, nuevas y reaprovechables para las salas del nuevo recinto, allí, en la sala de Rehabilitación, conviven con dignidad y estoicismo de lo bien hecho en épocas anteriores: podios de escaleras, mesas de manos, bancos de cuádriceps, poleas, platos de ejercicios de propiocepción, o también llamado plato de Freeman, escaleras de manos, colchonetas, cuñas, espalderas, espejos, etc...

Recios y resistentes, estos instrumentos rehabilitadores han acogido con paciencia y solidez: manos, brazos, piernas y pies con sus respectivos doloridos músculos y tendones, cuellos y espaldas, y otro tipo de dolencias, las del alma, esas que los repetitivos movimientos no curan y que acompañan, casi siempre en silencio, a quiénes practican obedientemente, los ejercicios indicados por el traumatólogo.

Velando por que todo vaya bien, recepcionando a los pacientes, anudando piernas y masajeando manos, ayudando al buen desarrollo del movimiento, están los y las fisioterapeutas de dicho Servicio y, en la sala de láser y microondas, las y los técnicos correspondientes.

Dotados de un especial carácter para tratar a los seres doloridos que hasta allí llegamos, nos hacen reir, comparten confidencias de la actualidad con nosotros, y además, nos calman los males.

En ese estupendo equipo de hombres y mujeres está Manuel López Viña, mi fisio.
Nacido para ser fisioterapeuta, más de 30 años en dicho servicio, y con una forma de ser balsámica y al mismo tiempo tonificante y enormemente agradable, ha constituído para mí, y para todos sus pacientes, una gratificante ayuda.
Manuel es requerido por los pacientes, como el resto de "fisios", entre los que también se encuentra Ricardo Menéndez, y recorre la sala de acá para allá sin descuidar tendinitis y demás patologías sensibles de rehabilitación.
También en el departamento de láser y microondas, tuve el gusto de ser atendida por Violeta y por Olga, dos profesionales como la copa de un pino, amables y encantadoras.

Uno de los días en los que acudí a mi sesión diaria, asistí a un hecho histórico (en menor medida y calificado con un poco de exageración, obviamente, por lo que voy a contar).

Desde hacía 50 años, una escala de grandes dimensiones, flanqueada por varias sogas utilizadas, en teoría, para trepar por ellas, pendían del techo de la sala de Rehabilitación, ya como reliquia testimonial de los tratamientos y terapias de épocas pretéritas.

Unos operarios con un andamio móvil habían "tomado" la sala con motivo de la sustitución de algunos tubos fluorescentes: unos apagados y otros en incómodo parpadeo.

Se decidió que la escala molestaba el paso del andamio, de varios metros de altura, y con cierto esfuerzo, se retiró.

                                                                              
Sus varios metros de soga, cubiertos por, sorprendentemente escaso, pero reconcentrado polvo, fueron parados en la caída por el propio Manuel y alguno de los operarios de esta empresa.


                                                                               
Allí, en el suelo, yacía tras 50 años, las sogas y la escala por la que quizás habrían intentado trepar algunos de los pacientes más hábiles y vigorosos.
Tras haber cumplido su misión terapéutica y posteriormente decorativa, la escala se iría a la basura.


                                                                                                                                            
Es el signo de los tiempos. Seguro que en el nuevo HUCA no habrá sogas ni escalas por las que trepar, pero que el magnífico personal de Rehabilitación y láser, no nos falte.