sábado, 26 de febrero de 2011

Nuria Espert: Y la voz se hizo carne

                                                                               
Patrocinada por la Fundación María Cristina Masaveu Peterson se representó en el Teatro Filarmónica la obra "La violación de Lucrecia" de William Shakespeare. Hora y media sin descanso y en las tablas, Nuria Espert en la más grandiosa soledad.

El presidente de dicha Fundación, Fernando Masaveu y su esposa, Carolina Compostizo, directora de la misma, recibían en el hall del teatro a todos los asistentes de manera personalizada. Son una pareja de mecenas jóvenes, educadísimos y muy cercanos. Gente de Asturias muy especial. 

Yo fui invitada por dicha Fundación el viernes y os puedo asegurar que mi alma me lo agradeció desde el principio al fin de la obra.

Entre el público pude ver a la directora de la Fundación Príncipe de Asturias, Teresa Sanjurjo con su marido Pablo y a mi ex profesora de Historia de Occidente, María Soledad Álvarez, además de a muchos rostros conocidos.

Nuria Espert, a sus 76 años, está espléndida y a mí, como radiofonista y directora de cursos de Programación en el Medio Radiofónico, me llamó especialmente la atención su dominio de la voz en cualquier postura corporal, su impostación tan variada desde cualquier rincón de la caja: de espaldas al espectador, de frente, en movimiento... y la rapidez con la que "coloca" la voz para representar ella misma, en la hora y media que dura la obra, el papel de narradora, alternándolo con los diálogos entre los distintos personajes: Lucrecia, Tarquino, Colatino, Lucio Bruto y doncella. 

También borda las distintas caracterizaciones, sin alterar apenas el vestuario, recurriendo a lo que ella tanto ama y bien maneja en escena: los manteos, las túnicas y los abrigos de punto de seda que, en diferentes tonalidades representan en la obra, la pureza (blanco con hilo de plata), negro (la brutalidad y la amenaza), rojo (la violación y la muerte), o humo (la depresión y la desolación), o la gestualización, en el caso de Tarquino, o de la víctima, Lucrecia.

Su excelente vocalización y rapidez de pronunciación exacta hace que el denso y excelente texto de Shakespeare se entienda...casi todo, ya que las habituales e irreprimibles toses y, en alguna ocasión, alguna sílaba sin finalizar, o una deficiente acústica en el teatro, obliguen a afinar el oído y a estirar el cuello para verle bien los labios.

Toda de negro, con la expresividad facial, vocal y corporal como únicos instrumentos, Nuria Espert consigue mantener al espectador en vilo desde el principio y a sufrir o detestar por las situaciónes y personajes. 

(Si vas a ver esta obra que comenzó a rodar por España en Galicia, y lo haces en otra comunidad autónoma, te recomiendo que te leas el texto de Shakespeare, al menos la primera parte, para que comprendas lo que será el terrible desenlace de la trama, ya que, al principio aún los personajes, no tan definidos, no juegan el mismo protagonismo que en la segunda parte de la obra, en lo que es el desarrollo del nudo, y cuesta un poco diferenciar las trazas iniciales).

Escenario en negro, luces y efectos de sonido. A un lado de la escena, una minimalización de la realidad: una mesilla con una silla y un móvil; en el centro, el núcleo de la tragedia: una cama contemporánea con dosel que se desprende sorpresivamente en el momento del acoso a Lucrecia, como diferenciando el clima del texto: tensión previa y consumación del delito, y la Espert, a sus años, admirablemente ágil (se bebe un vaso de agua, integrado en la representación y se seca el sudor-lágrimas, tras el momento de la violación). La actriz catalana salió seis veces a saludar al público ovetense y se le entregó un ramo de flores.

La gran veterana se despedía saludando con sus manos-palomas, dejándonos aturdidos, fascinados y reparados con su excelente maestría interpretativa, de todas las reales y burdas representaciones cotidianas del mundo exterior.

                                                                                                                                                     

viernes, 25 de febrero de 2011

Letizia Ortiz, hoy Princesa de Asturias, periodista en mis recuerdos

Como veo que el post que he colgado en mi blog con motivo de la entrevista que le hice a la entonces periodista Letizia Ortiz, hoy Princesa de Asturias tiene muchísimo éxito, os ofrezco alguna foto más de las secuencias recogidas de dicho encuentro (breve, pero inolvidable para mí, al menos) en aquella entrevista de octubre de 2003, en el Corredor del Patio de la Reina, del Hotel de la Reconquista en Oviedo.
La hoy Princesa de Asturias llevaba un elegante traje de chaqueta de raya diplomática en lana fina y unos altos zapatos de tacón. Yo iba muy desabrigada para soportar los escasos 10º que había allí, al aire libre, y de cuyos rigores, a pesar de los focos y el ajetreo, percibimos ambas, incluso bromeamos sobre ello brevemente, en un fragmento de la entrevista que pocos han podido ver entera.
De ella, de cerca, no se me olvida el curioso tono verde de sus ojos, como color de algas, y el llamativo brillo de sus dientes. Tras el programa, al llevar a mis asistentes de producción en mi coche, hacia sus casas, comentamos todos estos detalles y lo guapa que nos había parecido.