domingo, 10 de diciembre de 2017

Misa en honor a la Virgen de Covadonga


                                          Bendita la Reina de nuestra montaña
                                                                             

Encantada ha de estar la Santina de Covadonga, guarecida en la Santa Cueva del Real Sitio que lleva su nombre aquí, en Asturias. Se avecinan fechas conmemorativas en las que ella es la protagonista y ¡todos queremos estar ahí!

Nuestra Señora de Covadonga siempre ha sido muy querida por los y las asturianos y asturianas y por todos quienes la visitan. De alguna manera u otra, tanto su imagen, simbología, el relato de los hechos que la rodean y el lugar donde está, dejan marca en quién acude al Santuario, y en este año tan especial, el 2018, va a ser aún más visitada por todos aquellos que quieran acercarse a conocer el porqué de este protagonismo.

Debajo, el "chorrón" de Covadonga, que cae justo bajo la Santa Cueva. Ese día estaba espectacular.
                                                                           

                                                                             

Hace hoy una semana, el pasado domingo 3, el primero de Adviento, cuando atardecía, se presentaba en estreno absoluto, en la Basílica de Covadonga, la Misa en honor a la Virgen de Covadonga, compuesta por el brillante Guillermo Martínez, antiguo escolano de la Escolanía de Covadonga, escrita por José Antonio Olivar, quién fuera director de la revista Hola, lastrino y ex sacerdote, y cantada por la fantástica soprano allerana Tina Gutiérrez, arropada por la Escolanía de Covadonga, dirigida ésta por el entregado Jorge de la Vega y, en la parte musical instrumental, la Ensemble Ars Mundi, dirigidos por el magnífico violinista y director Yuri Nasushkin. El violín solista fue Valeria Zorina, toda una sorpresa, calidad 100% y el toque asturiano lo puso el gaitero José Manuel Gutiérrez "Guti" interpretando un impecable  floreo en medio de una de las piezas finales.

Asimismo,la Misa se vio jalonada, en un par de ocasiones, por las palabras escritas por la admirada escritora candasina María Teresa Álvarez, y recitadas estupendamente por la actriz Ana Francisco.
                                                                               

                                                                                

Pero antes de todo el desarrollo de la Misa, que congregó a cientos de personas que atestaron el templo hasta los topes, las palabras iniciales del Arzobispo de Oviedo, Don Jesús Sanz Montes quién, como es ya habitual, leyó desde su tablet, en esta ocasión un texto muy delicado, dedicado a Covadonga: la Virgen y el sitio "Dios es autor de toda esta belleza"afirmó, para dar paso al concierto: "Bendito concierto el de esta tarde: música del agradecimiento y notas de la alegría" concluyó el arzobispo.
                                                                                 

Diez piezas conforman la Misa, desde el Canto de entrada, pasando por el Kyrie Eleison, el Ofertorio, la Consecratio, etc hasta el Canto final, rematado todo por el siempre conmovedor Himno Oficial de Covadonga, composición de principios de siglo XX, escrito por el Padre Restituto del Valle, con música de Sagastizábal que hizo llorar a muchos y a muchas de los asistentes que allí se arrebujaban, invadidos por la emoción.


En estos momentos, mientras escribo este post, tengo en mi ordenador sonando de fondo el CD de la misa, que adquirí inmediatamente al salir, por 20€. 
Es una producción de Armando Ramírez, marido de Tina y quería tenerlo y escucharlo con calma, como estoy haciendo, para inspirarme y poder volver a paladear lo que me pareció una gran obra musical hecha con una sensibilidad extrema, con un gran cariño, y cuyas piezas ensamblaban a la perfección.

La voz de Tina Gutiérrez, a la que confieso hace años no escuchaba, me pareció maravillosa, más formada que cuando la conocí, es lógico! Además, ella, amén de absolutamente emocionada -se la veía- estaba espectacular con un espectacular vestido de encaje negro hasta los pies, cubierto con un manteo negro.

La Ensemble, redonda. Me emociona comprobar cómo estos jóvenes profesores han sido capaces de tanta finura y calidad, y dirigidos por un "virtuoso" como es Yuri Nasushkin -ser extremadamente sensible- consiguieron que el público asistente levitáramos por entre las naves y los sillares ensamblados a principios del siglo XX con la conocida piedra "Covadonga" procedente de la cantera de Peñalba, a un paso de la Basílica.

La Escolanía, entregada y enérgica. En sus filas, chicos asturianos y de origen latino, en esa franja de edad previa al cambio de voz. Su director, el ya mencionado Jorge de la Vega también participaba con su poderosa voz, excelente amalgama para su joven y preparado conjunto de escolanos.

La actriz Ana Francisco, recitando soberbiamente las sentidas palabras de la escritora María Teresa Álvarez, puso el toque de dulzura en el desarrollo de la Misa.

Guti, con su muy asturiana gaita, pinceló las notas que mantuvieron a todos atentos y admirados. Su intervención fue la justa. No podía faltar una gaita en la Misa a la Santina.

Como valoración personal, diré que, en conjunto, la obra me pareció muy lograda, aunque no entendí bien la parte correspondiente al Post Comunio, que me pareció un tanto dramática entre tanta armonía y sentimiento.

En cuanto a los asistentes, la gran mayoría, público seguidor de la Santina, turistas, muchos familiares de los escolanos y músicos, etc y ya, en el primer banco, en cuanto a las autoridades presentes: el Arzobispo Jesús Sanz Montes, el Abad de Covadonga Adolfo Mariño, el director general de Turismo, Julio González Zapico y el empresario Tomás Casado (Imasa), ambos acompañados por sus esposas.

En cuanto a los conocidos que me encontré entre el público puedo mencionar a Don José Luis Alonso Tuñón, párroco de San Isidoro de Oviedo acompañado por Luis Manuel Alonso, Hermano Mayor de la Cofradía del Santo Entierro; también a la catedrática Esther del Moral, presidenta de la Asociación de Telespectadores y Radioyentes con su amiga Carmela; al que fuera presidente de la SGAE, Javier Vidal y su esposa, a Esther Canteli (Sociedad Pública de Gestión y Promoción Turística del Principado de Asturias) y al empresario Antón Puente (Grupo Nature) y a su mujer Julita.

Sin duda fue un evento mágico, al que mereció la pena ir... y volver! 

Pero antes de hacerlo y de recorrer los más de 100 kilómetros que me separaban de mi casa, en plena noche, me regalé algunas imágenes, imborrables para mí y para todos los que deambulábamos por el Santuario, exultantes tras tanta belleza en nuestros oídos y nuestros espíritus, potenciada esa sensación por la luna llena que brillaba en el exterior de esa noche gélida.

La Basílica, de noche, emerge del monte Cueto, mágica...

                                                                                 

                                                                                    

Y, antes de entrar a darle las buenas noches a la Santina...
                                                                                

                                                                                

El túnel de acceso a la Santa Cueva, con las velas como ofrenda y petición que dejan los peregrinos y visitantes, y el Calvario, desde el cual se avista, de lejos, la Basílica. Sobrecogedor, ¿verdad?

La visita nocturna a Covadonga merece la pena. Es, sin duda, otra forma de imbuirse en el espíritu "Covadonga". 
                                                                               


Me senté ante Ella, éramos muy pocos los que estábamos ya allí y le hablé en silencio, como siempre. Ella, que siempre me ve de día, seguro que se sorprendió por verme también allí a esas horas tan frías y nocturnas.

Y entre tanto frío, la sonrisa cálida de Antón Puente para el que posé, ante la estatua del rey Don Pelayo, el primer rey de la Monarquía asturiana y, por tanto, española.

Se avecinan días conmemorativos en Covadonga y yo quiero vivirlos a fondo, y ¡contigo! 
                                                                                 

Deja que sea yo quién te guíe por estos parajes y te explique todo lo que necesitas saber para conocer a fondo Covadonga.


¡Verás y comprenderás Covadonga y su entorno, con otros ojos!

sábado, 25 de noviembre de 2017

Tirar es limpiar para vivir mejor

                           
                                                                               

Es curioso. La Real Academia de la Lengua Española, la R.A.E. ofrece 39 significados para la palabra tirar. Treinta y nueve significados, de los cuales no todos son para lo que se comprende como "tirar" en España pues, aunque hermanos y herederos del castellano antiguo, los países latinoamericanos también tienen sus acepciones para el verbo "tirar".

Últimamente, me encanta tirar.

Tirar: dejar caer intencionadamente algo. Desechar algo, deshacerse de ello. ¡Es genial!

Tirar lo que sea. Objetos físicos como bisutería, discos, casettes y cd's de músicas que ya no volvería a escuchar nunca,  antiguas cintas de vídeo, cosméticos que ya no utilizo y, lógicamente, cuando se acaban: frascos de champú, de gel, tubos de pasta de dientes y todo lo que conlleva el tema doméstico en la cocina, limpieza, decoración y el resto de mis mundos... 

Tirar todas estas cosas, y más, me hace una especial ilusión. 

Incluso, en esta nueva etapa purificadora de mi vida, me estoy aficionando a tirar ropa, zapatos y, ¡oh, milagro! este año, yo, que soy una gran conservadora, he llegado a tirar dos pares de botas!

También algún bolso, cestas de la playa, toallas... ¡Me siento de maravilla!
                                                                                  

Es increíble la cantidad de cosas que atesoramos en nuestras casas y en nuestras vidas y, salvo padecer el Síndrome de Diógenes, hemos de plantarnos y reorganizar nuestro entorno.

Así, la acción de "tirar" es muy recomendable.

A primera vista, es muy fácil: se toma el objeto y se arroja. Bien al cubo de basura o, si es reciclable, siempre, siempre, al contenedor correspondiente.

Pilas, relojes viejos que ya no funcionan, regalos absurdos cuya presencia no se soporta ya ni en el rincón más oculto de la casa, ropa de cama, perchas, sacos para colgar trajes, abrigos... 'Es una gozada!
                                                                                                           


He de decir que en otros tiempos yo era más "indultadora" y la ropa, los bolsos, el calzado, me duraban años y años. Hasta que llega un momento en el que dices: se acabó. Ya no tiene sentido que tú estés más aquí.

Pero, y qué pasa con las personas? ¿Y con ciertos contactos de las redes sociales?
                                                                               

(Foto recogida de la red: imágenes perfil para whatsapp)

¿Qué hacemos con esas "amistades", contactos, o con esos familiares, directos, o no, que ya no nos aportan nada, cuya presencia, mensajes o llamadas nos producen una cierta pereza, o incluso un rechazo inmediato?
¿Tirarlos también?

Si.

Ya no hay tiempo. No queda tiempo. Hay que seguir. Ligeros de equipaje emocional. Volátiles como partículas de polvo. Sin lastres relacionales, sin toxicidades heredadas, regaladas, soportadas... ¿Por qué?

Tirarlas...y hacerlo sin miedo. Porque la acción de tirar es cierto que requiere cierta valentía, decisión, clarividencia.

Tirar personas, sin posibilidad de reciclaje, es también un acto sano para la salud mental y física de cada uno de nosotros, y según pasa la vida, cada vez quedan menos personas a nuestro alrededor a los que no tiraríamos nunca a la basura, al contenedor del reciclaje, al olvido. A esas, regalarles nuestra mejor esencia.
                                                                          

(Foto: Twitter).

Tirar: verbo liberador que implica valor, decisión, arrojo y olvido. Hay que tirar para poder seguir añadiendo. 

Yo estoy comenzando a practicarlo. Os invito a compartir esta sensación curativa y liberadora.
                                                                              
                                                                              


domingo, 16 de julio de 2017

Una manera de volver, como otra cualquiera...

Hace mucho tiempo que no entro en mi blog para colgar ningún post. 

Se ve que aquel día de abril, el último que colgué un post, quedé exhausta de tanto dato y foto y, de una manera inconsciente, aparqué este estupendo espacio de opinión y de impresión durante más de dos años...

Ahora que estoy en Facebook, se me ocurrió desempolvar un poco el blog y comentar que quizás lo retomaría, y varias personas me animaron a que volviera. De momento, me aproximo a la puerta, la abro y veo el estado en el que se encuentra.

Salvo un poco de polvo y olor a cerrado, el resto lo veo bien. 

Sé de sobra que habría que reescribir, reordenar, justificar márgenes, reorganizar los tags, e, incluso, eliminar algunos post, pero, por el momento, me conformo en entrar, que ya es una buena manera de manifestar mi intención de poder volver a mi blog.

Como ya le dije a alguien, tengo varios "hijos e hijas" internáuticos y, la verdad, mantener diaria o semanalmente la atención y reactualización de los mismos, sin percibir ningún ingreso económico por ello, no deja de tener cierto mérito en el que, indudablemente, está implícito una cierta constancia e un interés por mis diversas facetas y productos en las RRSS.

Pero, de momento, esto es todo para "empezar a volver".

Como reconocimiento a vuestra posible espera, os regalo unas fotos de la gardenia de mi maceta de Ikea, que convive con nosotros desde hace un año largo en la cocina, a la que riego y hablo con cierta periodicidad y que, generosa y bella en su discreta presencia, me ha regalado ya tres pequeñas flores de aroma delicado y persistente y textura aterciopelada que contrasta con la brillante plasticidad de sus hojas verdes y perennes.

Según se dice, la gardenia es el símbolo de la gracia femenina, la sutileza y del mérito artístico. 
Aplicable a quién lo lea y las reciba...
                                                                            

Espero que no tenga que hacer esperar otros más de dos años y tres meses para volver a reencontrarnos.
                                                                             

Siempre estáis ahí. Lo sé. Es un placer volver a mi blog.

                                                                                

jueves, 9 de abril de 2015

Vuelta al colegio y a sus recuerdos: Dominicas del grupo A, las clásicas de mi vida.

Ellas estaban ahí. Como las estrellas. Como la luna, como el sol.

Pero la vida nos trenza velos que ocultan las presencias, las luces, y, en ocasiones, las hacen desaparecer.

Hay una frase que circula por ahí: "los buenos amigos son como las estrellas, no siempre las ves, pero sabes que siempre están ahí" y ellas, mis compañeras del colegio, estaban ahí. La cuestión fue dar con ellas y reunirlas. 
Y lo conseguí.

Como ya os he contado en el primer post que escribí en mi blog sobre nosotras, las ex alumnas del grupo "A" de las Dominicas de Oviedo, nos hemos vuelto a encontrar en Navidades  y ahora, cada cierto tiempo, nos vemos para cena, café, vinito... 

Es éste un buen ejercicio de risas y buenas vibraciones...

Yo siento que, todo lo bueno o no tan bueno que hemos vivido en el colegio durante tanto tiempo, de alguna manera te une para siempre, y cuando me encuentro con ellas, lo único que me falta es el entorno: el patio del colegio, la clase, los pupitres, los pasillos, las discotecas de los viernes... para sentirme de nuevo como entonces. El resto, sigue casi intacto. 

Han pasado treinta y tres años. Somos mujeres, profesionales, madres, viudas, solteras, todas tenemos nuestras vidas, pero la esencia de nuestros días en común en el colegio, creo que aún perdura.

El pasado mes de febrero (frío y lluvioso) preparamos una cena en Oviedo.

La convocatoria no fue tan, tan, numerosa como la de las Navidades, pues muchas de las que acudieron aquel día regresaban a Oviedo con sus familias, y este encuentro de febrero ya era en tiempo ordinario, pero tampoco estuvo mal. 

Además, se trata de que las personas que asistan lo hagan con ganas, como así me consta.

Pero primero, algunas de nosotras nos acercamos al colegio, para así "ir preparando los corazones y las emociones" y luego contar a las chicas que no habían podido venir, cómo lo habíamos encontrado, cuántos cambios ha registrado desde que lo dejamos en 1982, etc, etc...

Nuestra "cicerone" fue Charo Barriales, directora pedagógica del Colegio Dulce Nombre de Jesús, Dominicas.

Paciente y muy colaboradora, nos fue abriendo las aulas, llevando por pasillos, y mostrando las transformaciones que el colegio había tenido a lo largo de estos casi treinta y tres años.

También, todo hay que decirlo, escuchaba con atención y simpatía, los comentarios que íbamos haciendo sobre los recuerdos que acumulábamos de ésta o aquella etapa en aquel o el otro curso, etc...

He hecho varias fotos. No son de una gran calidad, porque íbamos hablando, viendo, sorprendiéndonos, recordando...pero creo que como testimonio, pueden servir.

Nos recibió en Portería, la hermana María Luisa Cuevas, de quién muchas de nosotras tenemos un recuerdo un tanto agitado. Ella trató de hilar quiénes éramos. Nosotras, las que la tuvimos como tutora y profesora le recordamos algunas anécdotas, simpáticas, sin entrar en demasiado detalle.

Ya de la mano de Charo Barriales, nuestra "toma de contacto" con el cole, de forma material, fue pisar el típico suelo, el tradicional mosaico hidráulico, diseño del siglo XIX que ahora, como otros tantos, está tan de moda en las versiones del siglo XXI y por el que tanto hemos correteado y pisado, en fila, o en grupo.


Debajo, la tranformación, en aula para infantiles, de la clase que tuvimos en el piso bajo del colegio, en 4º de E.G.B. cuya tutora fue la no muy bien recordada hermana Teresa Bernaldo de Quirós y posteriormente en C.O.U. con la hermana Antonina, superiora, a la sazón del Colegio.


La emblemática escalera, ya muy reforzada para la seguridad de los alumnos, con la omnipresente campana de bronce en el primer piso, con la que nos anunciaba, cuando éramos pequeñas, el fin de las clases, hasta que fue sustituída por el sonoro timbre. 

Recuerdo que siempre era una alumna interna la que la tocaba.


Me llamó la atención los carteles que estaban pegados en la pared de la misma y que pedían que los alumnos bajaran la escalera con precaución y sin hablar.

A nosotras, en nuestra época, nos ponían firmes a la mínima, y en clase de gimnasia, si hablábamos al principio, la señorita Rosa, de Gimnasia, nos hacía subir y bajar la escalera hasta el 3º piso durante toda la clase. 
Así, no hacía falta cartelito alguno. 

Debajo, otro modelo de suelo de mosaico, con aquellos diseños de principios de siglo. Inolvidables!

                                                                         
Bajo estas líneas, la clase donde dimos 3º de B.U.P. y cuya tutora era la hermana María Jesús que también nos daba Historia.

En ese curso disfrutamos de las enseñanzas, en Literatura, del excelente profesor Don Luis Floriano (q.e.p.d.) y como novedad, conocimos la Filosofía de la mano del padre Jesús y del padre José Luis Erviti

La Religión, a cargo del padre Porfirio.

El azulejo azul de las paredes, el mismo. El suelo, igual. 
        

Al colegio acudimos sólo cuatro ex alumnas, procedentes de diversas épocas.

La visita estaba concertada a las 18.30 (en deferencia a nuestra amabilísima guía, Charo Barriales) y a esa hora hubo mucha gente que, por diversos motivos, no pudo acudir.

Pero las "incondicionales" fuimos: Marta Álvarez (primera a la izquierda, de gris, con foulard de colores), Toya Blanco (de gafas y camiseta blanca y negra), Asun Díez Itza, de azul, y servidora, apoyándome en el palo-selfie y todas posando con Charo Barriales (con camiseta blanca, en lo más alto del grupo) en un tramo de la escalera del 2º piso.
                                                                          

Os podéis imaginar lo que supuso para nosotras tratar de relacionar todo lo que íbamos viendo con lo que teníamos en la memoria. Un cúmulo de sensaciones y de contrastes!

De las cuatro ex alumnas, la que pasó más tiempo en el colegio fuí yo, desde los tres años, hasta los diecisiete, con los que acabé C.O.U.

Bajo estas líneas... una de las canastas del patio, totalmente transformado en cuanto al suelo, el patio cubierto, la fuente... 

Como había niños menores practicando deporte, no pude fotografiar el resto del patio donde tantos partidos de barbilé y baloncesto jugamos...
                                                                                 

El salón de actos, con aquel olor característico y donde tantos nervios e ilusiones se concentraban en aquellas sesiones de Navidad, Fin de Curso, cine... Seguía intacto!



Aquí debajo posando las ex niñas-alumnas, ya mujeres...

Recuerdo que con Toya Blanco, Gemma Fernández, Beatriz Fajul y Mercedes Fdez Castañón (q.e.p.d.) interpretamos un baile con la canción "Santa Claus is comming to the town" en una de las funciones de Navidad.

Toya y yo hacíamos de chicos, Bea y Merce, de chicas y Gemma era Santa Claus. Ensayábamos en el colegio y en los Dominicos.

No llegábamos a los 13 años... Qué recuerdos!


En las fotos de abajo, Toya y yo probando los pupitres que usábamos en aquellos tiempos y de los que aún guardan uno en el gimnasio de madera, construído cuando ya estábamos acabando el colegio.

Cómo cabíamos ahí? 
                                                                               
                                                                                                                                                     

Otras dependencias... como uno de los comedores donde nos llevaban a tomar una manzanilla cuando nos dolía la tripa... 
                                                                                   

La biblioteca, con esas ilustraciones en hierro forjado tan típicas.


Una de las escaleras internas del cole.

Esta era la que conducía del primer piso a la zona de clausura y que utilizamos durante una época.


Otro posado de "Las cuatro magníficas" en la clase (transformadísima) que fué de 8º de E.G.B. con nuestra queridísima turora, la hermana Margarita, ya fallecida.
                                                                                

Más modelos de baldosa hidráulica. 

Estampados y colores que nunca se nos olvidarán y que las monjas, o quién proceda, han tenido el buen gusto y el acierto de no retirar en su mayoría, imagino que como elemento original del edificio, tampoco se les habrá permitido eliminar. 


Ya en la despedida, nuestro enorme agradecimiento, una vez más, a la encantadora y muy amable Charo Barriales, que nos atendió de maravilla, enseñándonos hasta el último rincón de nuestro recordado colegio. 

Gracias, Charo!

Y después de la devoción... La "obligación" de cenar juntas!

Unos posados antes de que sirvieran los platos, por aquello de la estética.

Sentaditas ya, tras el imprescindible saludo e intercambio de impresiones, e incluso de presentaciones, pues había algunas que no habían coincidido y no se conocían.
                                                                                       
Bajo estas líneas: Marián Díez, Mireille Collado y al fondo, Mari Cruz Cotarelo y Mariví Gómez Rozada muerta de risa.


Debajo, Sosiego Álvarez y Ángeles Fernández


Las amigas de siempre: Lucía Álvarez Figar y Esmeralda Álvarez Alcón


Otras dominicas "de largo recorrido" como Gemma Fernández, Leonor Álvarez, María José Campomanes y Carmen Cueto del Río, estas dos últimas, nuevas en las citas "dominicas".


A la espera de las ricas viandas que nos pusieron en La Cava de Floro, donde estuvimos muy bien atendidas: Maite Cuervo y Marta Álvarez 


Aquí debajo, Gemma, Marilé, y servidora.


Las también "amigas de toda la vida"!, las "históricas dominicas": Carolina Álvarez-Barriada, Mari Carmen Álvarez y Beatriz Fanjul.


Muy sonrientes: Toya Blanco, Sosiego y Ángeles
                                                                                   

 Ya en el café...


Foto de conjunto, para la posteridad...
                                                                         

Y esta Semana Santa, nueva convocatoria.

Nos tomamos un vinín y unas tostas con otra de nuestras compañeras que vino a Asturias a pasar esos días: Ana Julia Fernández Cachafeiro.

Aquí, estábamos: de pie, a la izquierda: Asun Díez y Mariví Gómez. Sentada: Ana Julia y Gemma Fernández. 
En el centro, sentadas: Teresa Alonso, Sosiego Álvarez, servidora, Mari Carmen Álvarez y Carolina Álvarez-Barriada.

                                                                                 

Es muy agradable reunirnos. Nos vemos, nos reímos, mezclamos la actualidad con los recuerdos de aquellos días...

Ellas son como las estrellas. No han estado en mucho tiempo, ahora ya están, y cuando soplo y las llamo, acuden y vuelven a brillar. Es genial!

Gracias, chicas!